Hoy he madrugado. Y con esta frase todo el que me conoce entenderá de inmediato que la única razón posible para que yo haya madrugado un sábado es que hoy, de nuevo, he ido a escalar. Algunos preguntarán con ironía: ¿Qué novedad verdad?. Pues sí señores, novedad, o al menos novedad para mí. Porque después de haber oido maravillas sobre el Cajon Mountain durante años, por fin me he decidido a visitarlo:

El Cajon Mountain
Y, ¿cómo ha empezado todo?. El martes me encontré con Sarah en el gimnasio y me dijo, así como quien no quiere la cosa: "este fin de semana va ha hacer fresquito, tiempo perfecto para darle una intentona a Leonids". Y no hizo falta mucho más. Había oido hablar de esta ruta ya varias veces y tenía muchas ganas de hacerla. No muy difícil, 5.9, no muy larga, 3 largos y unos 130 metros en total, y sobre todo perfectamente protegida con seguros fijos (¡más de 12 seguros por largo!).
El miércoles le pegué un toque a Randor, que ya había hecho esta ruta nada menos que cinco veces, para preguntarle algunos detalles. Al final, Randor se apuntó junto con Deena. ¡Cojonudo!, ya tenemos "guía". Así que esta mañana hemos salido hacia El Cajon Mountain dos cordadas, Randor con Deena y Sarah conmigo.

Al principio de la caminata. El Cajon Mountain al fondo.
Durante la caminata de una hora y pico hasta la base de la pared hemos visto lagartos gigantes, un par de serpientes (pero no cascabeles) y algún lagarto más pequeñajo pero bastante colorido.
Uno de los habitantes locales.
Randor y Deena han subido por delante de nosotros, con Randor escalando de primero todos los largos. Tras ellos, hemos subido nosotros alternando largos. Yo he escalado de primero el primer y tercer largos (ambos 5.9) y Sarah el segundo largo (también 5.9). Lo mejor de la ruta es que los dos primeros largos son, valgame la rebuznancia, largos. Unos 50 metros por largo, prácticamente la longitud entera de la cuerda.
Randor en la primera reunión y Deena empezando el primer largo. El techo que se ve a la derecha es parte de la ruta de rápeles de descenso.

Foto desde la primera reunión. Sarah está 50 metros más abajo, en la base de la pared, con un casco blanco. El pollo del casco rojo es un moñas que tenía bastante poca idea de lo que estaba haciendo y ha montado más de un numerito.

Segundo largo. Randor asegurando a Deena mientras Sarah escala de primera. El largo parece engañosamente corto porque la he tomado con el zoom de mi megacojocámara. En la siguiente foto se aprecia mejor la longitud real de este largo.

Randor escalando el segundo largo. Foto tomada desde la primera reunión.
Una vez finiquitados los tres largos llega el descenso: cinco rápeles hasta llegar al suelo, incluyendo uno volado durante más de 10 metros desde el techo que se en una de las fotos anteriores.
Deena y Randor en el segundo de los rápeles.
Como siempre pasa con estas cosas, yo no tengo fotos de mi mismo en la cámara. Pero tranquilidad, que Randor y Deena han traido su cámara y han tomado algunas fotos bastante majetas y mañana me las pasarán. Por ahora, sólo esta del grupo:

Sarah, un servidor, Randor y Deena, en la base de la pared tras los rápeles. Cansaos pero contentos.
En la bajada me he entretenido tomando más fotos y recogiendo florezucas campestres para prepararle un mini ramillete de flores a Beita. Obsérvese que, a la más pura tradición montañera y escaladora, el susodicho ramillete está sujeto con esparadrapo blanco del que usamos para escalar... ¡eso es un ramillete radical y lo demás son moñerias!
Bea y su mini-ramillete campestre
Si os habéis quedado con ganas de más fotos,
picad aquí (lo siento, los títulos están sólo en inglés).
Ahora, a la camita, a guardarse, que es la una de la madrugada y llevo una paliza importante encima (agravada por la peli que hemos ido a ver al cine, "Forbidden Kingdom", que me ha aburrido soberanamente).
En breve, más.